Sol Menielli y Brisa Klempert, jugadoras de la categoría U17, asumieron este año un nuevo desafío: acompañar al cuerpo técnico como monitoras de las U9 y U11. Una experiencia que las conecta con sus propios inicios y refuerza el sentido de pertenencia del club.
Pasar de tener la pelota en las manos a observar el juego desde el costado de la cancha es un salto importante. Para Sol Menielli y Brisa Klempert, el desafío de acompañar la formación de las categorías más chicas de Unión Florida se convirtió en una oportunidad única para mirar el básquet con otros ojos. Ambas coinciden en que estar del otro lado les permite entender mucho más lo que sienten las jugadoras y cómo los entrenadores trabajan para resolver cada situación.
Esa empatía es su principal herramienta: al haber estado hace no mucho tiempo en ese mismo lugar, saben exactamente qué necesitan las más chiquitas en cada momento. El día a día con las nenas de U7, U9 y U11 es un aprendizaje constante y, sobre todo, un viaje a la nostalgia. Para Sol, cada entrenamiento es un recordatorio de sus propios inicios, de aquellos profes que la marcaron y de la premisa fundamental de que el deporte, en esa edad, empieza como un juego para divertirse.
La recompensa es inmediata: "El momento de cada día cuando voy al club es que venga alguna nena corriendo a darte el abrazo esperado", confesó. Brisa comparte esa emoción: "Especialmente al ver las caras de felicidad cuando logran algo que vienen practicando. Hace poco me llenó de orgullo ver a una jugadora de la categoría mosquitos meter su primera bandeja después de mucho esfuerzo: Ese momento me hizo sentir 'qué lindo es estar haciendo esto'".
En este proceso, ambas afirman que no solo enseñan, sino que aprenden a dar abrazos y a disfrutar del deporte en su forma más pura. Pero el rol de Sol y Brisa va mucho más allá de lo técnico; se trata de cuidar el futuro del club. Preparar el semillero es una gran responsabilidad porque implica transmitir los valores y el sentido de pertenencia de Unión Florida: "No solo estamos formando jugadoras, sino también personas", reflexionó Sol.
En esa misma línea, Brisa destacó la importancia de generar un espacio seguro donde las nenas tengan la oportunidad de equivocarse sin frustrarse, sabiendo que tienen al lado a profes que las van a ayudar a mantener intacta la motivación. Curiosamente, enseñar a las más chicas también las está transformando como jugadoras en su propia categoría (U17).
A Sol, el hecho de dar indicaciones y explicar ejercicios la empuja a asumir un rol de líder en su equipo, además de hacerle refrescar conceptos simples del básquet que con el tiempo se van olvidando. Para Brisa, la experiencia se traduce en la cancha en una mejor lectura del juego y una toma de decisiones más clara, ayudándola también a manejar su propia frustración. Al final del día, como bien resumen las chicas, en el club todas siguen aprendiendo, tanto las más chiquitas como las que ya empiezan a marcar el camino.
Informe: Prensa Unión Florida
