Referente, parte de las "tías" y símbolo del básquet nacional, Miculka repasa su presente en el club de sus amores, la evolución de La Liga Femenina y el motor que la mantiene competitiva al máximo nivel
Para Carla Miculka, ponerse la camiseta de Unión Florida no es simplemente cumplir con un compromiso profesional; es volver a pasar por el corazón. En un deporte donde las trayectorias suelen ser nómades, su nombre se ha transformado en un sinónimo de la institución de Florida. "Es nuestra casa, nuestra familia", con la seguridad de quien ha encontrado en esas paredes un refugio y un espacio donde la felicidad se comparte con las mismas amigas de toda la vida.
Ese vínculo afectivo es, precisamente, el cimiento sobre el cual se construye la identidad del equipo. Para Carla, el hecho de que su círculo íntimo siga dentro de la cancha es el factor determinante para disfrutar cada entrenamiento. Sin embargo, su rol hoy trasciende el goce personal: junto a las jugadoras de más experiencia -a quienes las mas chicas apodan cariñosamente como las tías, asume la responsabilidad de guiar a las nuevas generaciones que asoman en la Liga.
El proceso de formación de las más jóvenes es, para Miculka un trabajo colectivo. El objetivo es claro: transmitir qué valores no se negocian a la hora de entrenar o jugar. "Que logren entender dónde poner el foco y aprendan a manejar las emociones es vital", explica. Para la referente, la presión y los nervios no son enemigos, sino parte de "lo lindo de competir". Ver a jugadoras que crecieron en el club ganarse hoy su lugar en el equipo mayor es el combustible que mantiene intacta la identidad de Florida, especialmente en una etapa donde ella misma bromea sobre el paso del tiempo y el futuro de su carrera.
Al analizar el panorama del básquet local, Miculka reconoce el esfuerzo de las instituciones por sostener la competitividad. Si bien entiende que el crecimiento depende de muchos factores, su deseo es que los clubes logren estabilidad para que el espectáculo de la Liga Femenina perdure y se profesionalice cada vez más.
En cuanto a su motivación personal, el fuego sagrado sigue encendido gracias a una evolución en su forma de vivir el deporte. Tras años de competencia de alto rendimiento, MVP y experiencias internacionales, Carla nos cuenta que simplemente le encanta jugar al basquet y que ha aprendido a amigarse y disfrutar de la adrenalina previa a cada salto inicial y, sobre todo, a respetar sus propios tiempos. "Este último tiempo aprendí a darme los descansos necesarios para poder estar de la mejor manera", dejando claro que el equilibrio es la clave para seguir vigente.
La relación de Carla con la tribuna es un capítulo aparte. El cariño que recibe de padres, jugadoras menores y familias del club es el motor que cierra el círculo de pertenencia. Por eso, su cierre es una invitación a seguir construyendo esa mística que se siente en cada partido: "Cuando digo que Florida es mi casa, la gente tiene su cuota de importancia en todo eso. En quienes están en la tribuna y quienes alientan desde las transmisiones cuando no pueden estar presentes".
Con la gratitud como bandera y el profesionalismo de siempre, Miculka sigue escribiendo páginas doradas en el club que la vio crecer, demostrando que, a veces, el éxito no solo se mide en títulos, sino en la calidez de los vínculos y la lealtad a unos colores.
Esta noche Florida tendrá su último encuentro antes del receso en su fixture, debido al Torneo Premundial de la Selección Argentina a jugarse en Turquía. Este partido lo jugará en el Estadio Ciudad de Vicente López (Platense), en calidad de local, y recbirá a Tomás de Rocamora a partir de las 21.30hs
Informe: Prensa Unión Florida